sábado, 17 de mayo de 2008

Chistes de viejitos


Estaba una vez un viejito que lo dejaron cuidando a sus nietos. Entonces el viejito les dice:

"A ver, les voy a contar de cuando yo era joven e iba en el ejército y me mandaron a matar al tigre del Congo... Primero entré a la selva... lo vi... de pronto me brincó y que tenía los pelos en la cara..."

Entonces que suena el telefono: RIN, RIN, RIN, y el viejito contesta:

"Bueno, bueno."

"Papá ¿están todos bien?"

"Si estamos todos bien."

"Bueno, voy a llegar un poco mas tarde."

"Si, no te preocupes."

Entonces el viejito regresa con sus nietos y les dice:

"¿En que me quede?"

Nietos: "En que tenía los pelos en la cara..."

Abuelo:

"¡Ay qué mujeres aquellas...!"



Había una vez dos hermanas mellizas de 85 años, Elda y Pocha, que vivían juntas y fueron víctimas de un robo en su domicilio. Estando en la seccional policial el policía les iba a tomar declaración sobre los hechos ocurridos. Empezó Pocha diciéndole la policía:

"¡Nos han robado $1000!"

Pero Elda la interrumpe:

"¡No te olvides de decirle que nos quisieron envenenar!"

"No, espere, ya le vamos a tomar declaracion a usted", dijo el policía.

Sigue Pocha:

"¡Nos robaron el televisor!"

Interrumpe Elda:

"¡Decile, decile que nos querían envenenar!"

"¡Espere un momento por favor! Ya le vamos a tomar declaracion a usted", dijo el policía.

Pocha continua:

"¡Nos robaron las joyas!"

Otra vez interrumpe Elda:

"¡Decile Pocha que nos querían envenenar!"

El Policía, cansado ante tantas interrupciones decide escuchar a Elda:

"A veeer señora... su declaración..."

Y Elda le dice:

"¡Si! Nos querían envenenar porque un ladrón le decía al otro a cada rato: ¿qué te parece si a estas dos viejitas les hechamos un POLVITO?"


El otro día mi abuela me escribió una carta que decía textualmente así:

Querido nieto:

El otro día tuve una experiencia religiosa muy buena, que quería compartir contigo. Fui a la librería cristiana y allí encontré una calcomanía para el auto que decía:

"Tocá bocina si amas a Dios".

Dado que había tenido un día muy malo, decidí comprarla y pegarla en el paragolpes de mi auto. Al salir manejando, llegué a un cruce de dos avenidas que estaba muy complicado, con muchos autos. La temperatura exterior era de 37 grados y era la hora de salida de las oficinas. Allí me quedé parada, porque la luz estaba roja, pensando en el Señor y como El es bueno, no me dí cuenta que la luz se había puesto verde, pero descubrí que muchos otros aman al Señor porque inmediatamente comenzaron a sonar las bocinas. La persona que estaba detrás de mi auto (sin duda muy religiosa) tocaba la bocina sin parar y me gritaba:

- Dale por el amor de Dios.

Dirigidos por él, todos hacían sonar la bocina. Yo les sonreí y los saludaba con la mano a través de la ventanilla. Vi que otro muchacho me saludaba de una manera particular levantando sólo el dedo medio de la mano. Le pregunté a otro de mis nietos, que estaba conmigo, que quería decir ese saludo, contestándome que era un saludo Hawaiano de buena onda. Entonces yo saqué mi mano por la ventana y saludé a todos de la misma manera.

Mi nieto se doblaba de la risa, supongo que por la bella "experiencia religiosa" que estaba viviendo. Dos hombres de un auto cercano, se bajaron y comenzaron a caminar hacia mi auto, creo que para rezar conmigo o para preguntarme a que templo voy.

Pero en ese momento fue que vi que la luz estaba verde. Entonces saludé a todos mis hermanos y hermanas y pasé la luz. Luego de cruzar, noté que el único auto que había podido pasar era el mío, ya que la luz volvió a ponerse en rojo y me sentí triste de dejarlos allí después de todo el amor que habíamos compartido.

Por lo tanto paré el auto, me bajé, saludé a todos con el saludo hawaiano por última vez y me fui. Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y mujeres.

Besos, tu abuela.



Una viejita visita al doctor:

- "Doctor, tengo un problema con los gases, pero realmente esto no me molesta mucho. Mis flatulencias nunca huelen y son siempre silenciosas. De hecho, me he tirado como veinte por lo menos desde que estoy aquí en su oficina y usted no se ha dado cuenta de mis gases porque no huelen y son silenciosos."

-"Entiendo, tome estas píldoras y regrese a verme la semana que viene."

A la semana siguiente, la ancianita regresa y dice:

-"Doctor, no sé qué diablos me dio, pero ahora mis gases, aunque silenciosos, huelen terrible, apestan."

-"Que bien, Ahora que hemos curado su sinusitis, vamos a trabajar sobre su sordera."

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